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Mis recuerdos replicantes…

8 febrero, 2011

Fue un momento tan breve que podría considerarse fugaz. Ella se sentó en su regazo y juntos vieron alguna de las fotos que se estaban realizando. Y fue un momento lleno de complicidad entre ellos, un momento al que nadie prestó atención, y que abrazado a mi inseparable cerveza me provocó un breve sentimiento de envidia, tan fugaz como el momento que lo provocó.
Recordando, recordé, que hace tan solo unos meses, aunque me parezca media vida, en la primera edición de nuestras quedadas camuflé con falsas sonrisas mi estado de ánimo. Recordando, recordé, que al mirar las fotos esta vez, las sonrisas eran de nuevo sinceras, como han venido siendo en los últimos tiempos.

Ha pasado apenas un año de aquella primera quedada, y podría contar tantas cosas, tantas subidas y bajadas que ni yo mismo lo creería. Tantos Juanjo distintos en tan poco tiempo que me parece realmente imposible.

Pero esa es otra historia, porque la que yo os contaba tenía como protagonista a la envidia. Fue gracias a esa pareja. Parece mentira pero han pasado casi diez años. No sé a ciencia cierta cuantos llevan juntos ellos. Pero han pasado casi 10 años desde que él comentaba con los niños lo buenas que estaban las niñas y ella era el objetivo de alguno de aquellos niños que jugaban al amor. Porque era eso lo que éramos hace diez años, unos malditos niños llenos de ilusiones. Y si yo en meses he subido y bajado tanto, imaginaos en 10 años lo que habremos vivido todos, y lo que habrá vivido aquella pareja, una infinidad de buenos momentos juntos, e innumerables malos recuerdos superados con esa complicidad que me hizo pensar, con esa complicidad que me llenó de envidia.

Porque es envidia lo que sentí. No solo de la pareja y su complicidad, un premio al esfuerzo de mantenerse tanto tiempo juntos. Sentí envidia de cómo os ha tratado a todos el tiempo. Sentí envidia de vuestras historias, de vuestras parejas, de vuestros trabajos y vidas encauzadas. De vuestros créditos y vuestras hipotecas. Vuestras bodas, vuestros sueños cumplidos y de todos y cada uno de los que os queden por cumplir.

Y así, lleno de envidia, me fui abrazado a mi cerveza por entre las sombras de la noche, mientras os montabais en vuestros coches para ir a descansar y continuar con vuestras vidas hasta la próxima quedada.

Y a la mañana siguiente, mirando de frente a la lluvia del mediodía de un domingo cualquiera y totalmente inesperado, revuelto en la resaca y entre sábanas que no me pertenecían, recordando, recordé todas y cada una de esas cosas que había pensado durante la noche.

Y pensé que aunque mi envidia era sincera, no era menos cierto, que precisamente en ella reside la felicidad que reflejan mis sonrisas. Mi vida es totalmente inesperada. Llena de tumbos, llena de sorpresas unas veces felices y otras no tanto. Alejada de cauces, de complicidades, de bodas e hipotecas, llena de sueños, casi todos por cumplir. Esperanzada, llena de experiencias inolvidables e incontables, tanto en número como en sus historias. Y recordando recordé, que siempre fui feliz así. Recordando, recordé, que como cantó Cernuda en “Peregrino”, sin mi Ítaca y sin Penélope. Con todas y cada una de mis bajadas, y definitivamente con todas mis subidas.

Y entonces recogí mis cosas, guardé mi envidia, me vestí de motorista solitario, me duché en la lluvia de un domingo inesperado para sacudirme mi resaca y me dispuse a seguir con mi vida, esa que a veces os envidia y otras se envidia a sí misma. Y pensé en lo maravilloso que quería que fueran para todos los diez años que estén por venir, y que al fin, más que envidia, os tenía agradecimiento. Agradecimiento por veros de vez en cuando, por veros bien y felices, por escuchar vuestras historias y contaros las mías. Por abrazarme a vosotros mientras abrazo a mis cervezas. Y sobre todo, sobre todas y cada una de las cosas, por formar parte de mi inesperada vida en mis recuerdos de juventud, por ser parte de unos recuerdos replicantes que muchos envidiarían tener. Por ser sencillamente y sin duda, parte de lo que me convirtió en todo lo que soy ahora. Por eso, gracias, y hasta la próxima quedada. Que la vida os trate inesperadamente bien…

Escrito originalmente allá por noviembre de 2009, le tengo un cariño especial a este texto. Empieza envidiando a una pareja (rota poco tiempo después) que llevaba junta desde tiempos en los que íbamos en el instituto. Termina confesando, lo mucho que aprecio el estilo de vida que llevaba entonces, y que ahora, aún sin tanta locura de por medio, sigo respetando fielmente. Independiente y sin ataduras, a veces alocado, mientras no afecte a nadie que me importe, y a nadie le importe. Vivo, al fin y al cabo.

Licencia Creative Commons
Mis recuerdos replicantes… por Juan José García Gómez se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.

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