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Tu, en tu ventana…

10 febrero, 2011

Nunca me gustó la presión. Creo que eso siempre lo tuve claro, aunque a veces me asalten dudas sobre casi todo. No puedo escribir nada que sienta, o que merece la pena, sintiéndome obligado. Es una sensación de angustia, como si supiera que al escribir no voy a estar a la altura de lo que quiero expresar, y al final siempre tome la decisión fácil: Huir y posponer.

No retoco, no pienso, no tomo notas, no releo, ni por supuesto, corrijo. Simplemente, dejo que las yemas de los dedos acaricien el teclado, y sale tal como tiene que salir. Y como en todo aquello que sientes, o en todo aquello que sale de dentro, la primera sensación es siempre la de inseguridad. No me suele gustar. Lo hubiera dicho de otro modo, o hubiera intentado redondearlo de otro. Y con el paso del tiempo, como pasa con los cuadros, cuanto mas los miras, mas te gustan y mas cosas descubres en ellos.
Así me pasa, y a veces, así le pasa a la gente que lo lee, y por eso sigo escribiendo de vez en cuando.

No elegí ese cuadro por ser de Dalí. De hecho, él me despierta otro tipo de cosas. Él, es el surrealismo. Y esa muchacha en la ventana, está tan llena de realismo, que eres tu. Y fue lo primero que pensé. Es normal que el subsconsciente te traicione y te haga analizar las imágenes según lo que te suceda en realidad. Te pasa cuando sueñas y buscas una explicación, y en ese sueño, al igual que en ese cuadro, también estás tu.

Y así, bajo presión, bajo obligación no podía expresar absolutamente nada. Porque en ese cuadro, hay una muchacha apoyada a una ventana entre dos mundos, entre el real y el irreal, entre la oscuridad de su habitación, de sus obligaciones, de sus miedos, de sus sensateces y su vivir sin sueños. Y allí, a lo lejos, lleno de claridad y vida, lleno de mar y costa, de atardeceres y amaneceres, ve el mundo de las ilusiones, el de los sueños, el de vivir al día y hacer los sueños realidad, el de anteponerlos todos y cada uno de ellos, a cualquier indicio de presión, a cualquier indicio de obligación.

Y así, fui remirando el cuadro, escudriñando a Dalí, y a su Muchacha en la ventana. Y por más que lo miraba, no podía dejar de pensar en la idea de que eras tu, hasta que lo confirmastes, y decidí no escribir nada sobre él. Así que, este es mi regalo, este es el motivo de mis presiones, esto es lo que no releeré y no retocaré.

Estas ahí, apoyada en tu ventana cada día. Estas ahí, de espaldas y extrañamente hipnótica y erótica en tus formas, en las físicas, y en las emocionales. Y no pedí que lo hicieras, y supongo, que volvería atrás para decidir de otro modo y evitar que llamases a la puerta y entrases sin pedir permiso hasta el comedor de la casa, donde se esconde mi alma tranquila.

Estás en tu ventana, en el cuadro, y en muchas de las cosas que hago al cabo del día, y en la inmensa mayoría de las que pienso desde que me levanto hasta que me acuesto. Para ti son mis buenas noches, y de tu parte vienen los buenos días. Y al escucharlos, me pongo la sonrisa, y salgo de casa a hacer mi vida.
No pedí que entrases, ni pretendí que lo hicieras, pero la muchacha en la ventana decidió salirse un día del cuadro, y llenar de vida las pinturas de mis días. Y ahí sigo, contemplándote en tu ventana, con los nubarrones que se ciernen y te obligan más de lo que deberían.

Escuchándolos e intentando cambiar tus agobios por sonrisas, en cada cosa que digo, y en cada sueño que te confieso. Con mi infinita paciencia y mis sueños ilógicos e ilusos. Y a veces, no lo consigo, e incluso te agobio mas sin pretenderlo. No es esa mi intención, solo quiero que sonrías, aunque cada noche al acostarme, me entregue irremediablemente al mismo sueño: Un día, cruzas la ventana, apartas de un plumazo los nubarrones y te vienes a vivir y a que te vea despertar cada mañana. Un día, dejas de ser la niña del cuadro, y te conviertes en la de mi cama. Y ahí seguiré, porque no se trata de paciencia, ni de ganar o perder, no se trata de nada de eso. Siempre, de lo único que se trató, fue de soñar. Y mientras tus nubarrones, tus presiones y obligaciones no te lo permitan, no te preocupes al dormir…ya sueño yo por los dos…

Lo curioso del paso del tiempo radica generalmente en su rapidez. Mañana hará un año justo en que le escribí esto a alguien que no atravesaba su mejor momento. Me gusta el texto porque responde a la preguntas que a veces me hace la gente: ¿Cómo escribes así?. Pues como lo explica el texto, tal y como sale, y tal y como sale se quedan escritos, para que los aproveche quien pueda, o quien quiera hacerlo

Licencia Creative Commons
Tu, en tu ventana… por Juan José García Gómez se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.

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