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Para cuando ni te acuerdes…

17 julio, 2010

“Cambiemos de tema” dices mientras ahogas unas lágrimas que luchan por salir, con tu mirada perdida en un horizonte que te resulta tan familiar que casi parece que hubieras nacido ahí mismo. “Cambiemos de tema” dices, mientras te rodeas de gente que te quiere, y desconocidos de esos a quien solamente tú sabes acoger, y que se añadirán a esa larga lista de los que te aprecian, porque en todos y cada uno de los idiomas eres capaz de hacerte querer. Y cambias de tema, y dejas que pase el tiempo en silencio, porque un loco dijo una vez que el tiempo todo lo cura.

Y allí, haciendo sonreír a un desconocido que apenas ha aprendido a balbucear, y llenando tu cara de sonrisas, cambiamos de tema. Porque tu no pides sino ordenas, porque aún con buen tono y mejores palabras haces saber a quienes te importan y les importas, que la broma ya está bien. Esa, posiblemente, sea una de tus virtudes el tacto y la firmeza aunados cuando normalmente al resto nos son incompatibles. El tacto, la firmeza, la sensibilidad y la palabra, siempre adecuada, para quién te la pide o para quien atisbas que la necesita. Y ahí está tu segunda virtud, que nunca pides, que jamás exiges nada a cambio, que recibiendo un abrazo eres feliz, y más desdichada aún te sientes cuando te dejan darlo.

“Cambiemos de tema” dices, y como siempre, ¿Qué voy a hacer después de tantos años?, te hago caso.
Pero precisamente, tras tantos años sabrás, que la boca me pierde y las formas, la inmensa mayoría de las veces, también. ¿Cambiar de tema? ¿Por qué? ¿Por qué tu lo pidas? Pide lo que te dé la gana pedir, pero aún sin decírtelo, me vuelvo a casa sin cambiarlo. Ya lo rescataré cuando sea el momento, y su rescate no implique lágrimas que luchen por brotar.

Cambia de tema y silencia aquello que te dé la gana silenciar, pero guárdate las lágrimas para cuando merezca la pena derramarlas. Guárdate las lágrimas para cuando tu gente comparta cosas contigo. Guárdate las lágrimas para bodas y entierros, para bienvenidas y “hasta prontos”. No las quiero ver. Viste las mías y no pienso estar para compartir las tuyas. Tu dedícate a sonreír y a llenar vidas de sonrisas. Dedícate a vivir, a tropezar una y mil veces buscando un camino que ahora se te antoja difuso y huidizo. No te faltan manos que te acompañen en la búsqueda. Dedícate a preguntarte a ti qué te apetece, y deja de preguntárselo a los demás. Deja de aconsejar y recibe consejos. Ábrete sin miedo. Limítate a vivir y disfrutar, que la vida son dos días, y por más que el espejo te engañe cada día al despertar, entramos en una edad en la que empezamos a consumirlos demasiado deprisa como para cambios de tema y lamentos varios.

Toma aire, piensa y respira, busca un camino nuevo en el que volver a tropezar cuantas veces haga falta. Los caminos que abandonamos al andar, están casi siempre esperándonos, no desaparecen, quedan ahí mientras “perdemos” el tiempo buscando atajos y metas que soñamos conseguir. Estarán cuando decidas volver, pero aprovecha para aprender, aprovecha para crecer, aprovecha para descubrir todo aquello que aún desconoces pese a tanto tiempo entre libros. Y sobre todo, sobre todas y cada una de las cosas, “cambiemos de tema” cuando me pidas que lo haga, siempre y cuando me concedas a mí una petición: Tú, no cambies nunca

Licencia de Creative Commons
Para cuando ni te acuerdes… by Juan José García Gómez is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Spain License.

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